Lampe, Boca y el ‘otro’ partido

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Foto: Internet

Carlos Emilio Lampe acaba de izar la bandera boliviana en un sitial al que pocos deportistas nacionales pueden acceder. Está ahora muy alto en el fútbol y se lo merece, pues condiciones le sobran. Además, Boca es Boca. Y así como a Milton Melgar en los años 80, que le vaya igual de bien o mejor.

Genuino, orgulloso del país donde nació, el guardameta de la selección nacional lanzó asimismo una frase en su presentación: “Ahora Boca es 50 más 11 millones en Bolivia”, en alusión al respaldo que ha sentido de su nación.

Con ese seguro respaldo, Lampe va a tener también que jugar otro partido, inevitable por cierto: el rival es la xenofobia de la que ya fue víctima en cuanto aterrizó en su nuevo club, una manifestación enraizada en las hinchadas y de la cual no están exentos otros protagonistas de la sociedad a pesar de su aparente condición de líderes, entre ellos incluso periodistas.

El fútbol argentino, aunque no es el único, sufre de este mal con mayor énfasis. Xenofobia, discriminación y racismo han ganado terreno y se han extendido por todo el espectro que compone aquel mundo del fútbol. Y muchos son los actores de esa escena.

Lampe todavía no ha saltado a una cancha. Capaz que cuando lo haga tenga que enfrentar cánticos, banderas e insultos. Lo importante será su fortaleza frente a ello.

Pero también es un buen momento para revisar hacia adentro. El fútbol boliviano no puede solo mirar lo que ocurre afuera, sino analizar cómo anda por casa. En ese tren, uno se encuentra con lo mismo, probablemente con menor fuerza, aunque no deja de ser un tema preocupante.

Es muy difícil luchar contra esos fenómenos sociales que han logrado introducirse también en el fútbol, sea argentino, boliviano o de cualquier parte. La cuestión es qué hacer para extinguirlos y eso es algo que, lamentablemente, todavía no encuentra una respuesta.

La Razón

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