John Millman, el tenista que dormía en los aeropuertos para poder cumplir su sueño

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John Millman celebra un punto ante Roger Federer (AFP)

La vida del tenista hasta llegar a consolidarse en el circuito profesional no es un camino de rosas. A no ser que se trate de un niño prodigio o provenga de una familia acaudalada, está plagado de espinas, algunas tan punzantes que deja a miles de jóvenes ilusionados en la cuneta. Que se lo pregunten a John Millman, sorprendente verdugo de Roger Federer en los octavos de final del US Open tras derrotarle en cuatro sets (3-6, 7-5, 7-6(7) y 7-6(3). Un tenista que sabe lo que es dormir en los suelos de los aeropuertos y que podría hacer un listado de las sillas más incómodas de las estaciones de tren que pisó por Europa y Asia antes de asentarse en el circuito ATP.

Son muchas las peripecias de Millman, originario de Brisbane (Australia), que a sus 29 años ha escalado su pico más alto contra el mejor de todos los tiempos en el otro lado de la red. Nunca antes había alcanzado los cuartos de final de un Grand Slam -su tope era la tercera ronda-, un sueño por el que ha tenido que luchar no sólo económicamente, sino también físicamente debido al calvario de lesiones que le han apartado de las pistas en total durante varios años, con tres cirugías incluidas.

El presupuesto en los torneos ATP y Grand Slams ha aumentado un 1000% en los últimos años, pero para los chicos que disputan torneos Challenger y Futures el dinero no se ha incrementado en décadas”

JOHN MILLMAN

Vive en un país en el que el número de torneos Challenger -los de segunda categoría- son muy limitados y los Futures -el nivel más bajo del tenis- están esparcidos por la enorme isla. Ello supone un gasto enorme para cualquier tenista que empieza. Sin apenas patrocinadores, tiene que costearse todos sus desplazamientos, especialmente caros cuando, como en el caso de Millman, se tiene que marchar de Australia para crecer a pesar del futuro incierto que tiene por delante. Y normalmente se pierde dinero (importante) si no se regresa con el título bajo el brazo.

“El presupuesto en los torneos ATP y Grand Slams ha aumentado probablemente un mil por cien en los últimos años, pero para los chicos que disputan torneos Challenger y Futures el dinero no se ha incrementado en décadas”, denunciaba en 2012 en un reportaje del diario australiano The Advertiser. Hacía seis años que ya era profesional, en concreto top 200, pero sus apuros económicos seguían muy presentes. “He dormido en muchos suelos de aeropuertos y de estaciones de tren. Si no tienes dinero, dormir allí es algo que tienes que hacer si quieres vivir tu sueño”.

Hijo de un jugador de rugby y una profesora y con cuatro hermanas, Millman alterna su vida entre Australia y Alemania, donde encontró cobijo hace años en un club de una pequeña localidad cercana a Heidelberg. Número 55 del mundo, su mejor posición en el ranking la alcanzó a finales de julio cuando fue el 49; curiosamente dentro del top 50 que seis años atrás consideraba indispensable para ganarse bien la vida. Ahora, jugar los cuartos de final en Nueva York le supondrá una inyección económica de 475.000 dólares (unos 411.000 euros).

Poseedor de dos torneos Challenger y finalista por primera vez este año de un torneo ATP (el de Budapest, de categoría 250), se encuentra entre los ocho mejores del US Open tras superar a un tenista que admira desde hace tiempo. Como su partido, sorprendió su contenida celebración de la victoria, dedicada a la familia y amigos, por los cuales asegura que juega al tenis.

Supo aguantar la presión de jugar ante el mejor de todos los tiempos en la Arthur Ashe y ahora se enfrentará en cuartos a Djokovic

“Al principio me sentí como un ciervo ante los faros de un coche: Roger (Federer) me tenía contra las cuerdas, me estaba dominando, pero salí de un segundo set muy competido y me di cuenta que estaba en el partido. Todavía no me lo creo”, decía atónito en rueda de prensa tras un partido en que el suizo estuvo irreconocible; mal en el saque y con 76 errores no forzados. Acusó el calor extremo que hacía en Nueva York. Todo ello no quita mérito al tenista aussie, capaz de lidiar con la presión de jugar en la Arthur Ashe el partido más importante de su vida, con un servicio fiable y muy acertado al resto. El próximo rival será otra leyenda como Novak Djokovic.

En 2011, en los octavos de final de un Challenger cercano a Brisbane, caía derrotado en el tie-break del tercer set a manos del talentoso Bernard Tomic. El controvertido tenista, también australiano, se paseaba con 19 años ardeando de su Ferrari amarillo por Gold Coast cuando era una de las grandes promesas. Mientras, Millman regresaba tras la eliminación a casa con su padre conduciendo un viejo Holden Astra.

Las cosas han cambiado. Este año lo machacó en la final de Aix-en-Provence (6-1 y 6-2) y mientras el pasado domingo Tomic celebraba el título logrado en la primera edición del Rafa Nadal Academy, Millman, un tenista que ha conocido las dos caras del tenis, estaba a pocas horas de dar la campanada en uno de los torneos más importantes del mundo. El esfuerzo, a veces, tiene su recompensa.

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