El Alavés empuja a Lopetegui al borde del precipicio

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Benzema fue uno de los señalados en Vitoria. (Getty)

Ni en Sevilla, ni en Madrid, ni en Moscú y tampoco en Vitoria. El Real Madrid no logró marcar al Alavés, además, se fue con cero puntos de Mendizorroza por culpa de un gol de Manu García en la última jugada del partido. Un hito para el Glorioso que no se producía desde hace 88 años, cuando el 8 de marzo de 1931 logró ganar por última vez a los blancos.

Apenas se cumplen ocho jornadas de Liga y en la casa blanca ya se han encendido las alarmas tras cuatro partidos consecutivos sin ver puerta, saldados con tres derrotas, ante el Sevilla, el CSKA y ahora el Alavés, y un empate contra el Atlético en casa. Con estos números, el partido en Mendizorroza se presentaba como la primera prueba de fuego del proyecto comandado por Julen Lopetegui y el vasco, sin un planteamiento diferente a los encuentros anteriores, suspendió el examen.

Una situación similar, en cuanto a estadísticas, al inicio de los merengues el curso pasado en la competición doméstica, cuando a estas alturas también se habían dejado por el camino siete puntos. En el banquillo, en cambio, se encontraba Zinedine Zidane, que, por sus logros europeos y su curriculum, pudo lidiar con solvencia con los rumores sobre una posible destitución y finalmente sonrió el último en Kiev.

Con este escenario, a los pupilos de Lopetegui sólo les quedaba apretar los dientes ante los de Abelardo y con esa actitud saltaron al verde. Con ganas de olvidar la sequía goleadora, Benzema y Ceballos probaron a Pacheco en los primeros minutos mientras Sergio Ramos empezaba con Calleri un intenso duelo en el que hubo más que palabras.

En el bando contrario, el Alavés, que tampoco llegaba en su mejor momento tras dos pinchazos ligueros, también salió revolucionado al rectángulo. El ímpetu y la necesidad de ambos conjuntos deparó, en los primeros compases, un duelo con un ritmo alto aunque muy impreciso. Había prisa por marcar en los dos bandos. Jony en dos ocasiones pudo dar una alegría a la grada pero falló primero en el control, cuando estaba solo ante Courtois, y Varane le sacó un disparo en línea de gol.

Con el paso de los minutos, el cuadro madridista comenzó a dormir el encuentro con el dominio del balón, aunque con posesiones infructuosos, mientras que los albiazules esperaron ordenados atrás, sin dejar espacios a los visitantes con una buena presión, a la espera de un contragolpe. El mejor argumento blanco, ante el repliegue vasco, fue la profundidad de Odriozola, que con sus centros puso el peligro en el área local durante la primera mitad. La zaga vitoriana salvó in extremis tres remates de cabeza cuando Bale y Benzema ya veían el balón en la red.

Llegado el descanso, la imagen del Madrid apenas había mejorado respecto a los últimos partidos. Lopetegui debía reflexionar y, sobre todo, buscar la fórmula para crear más oportunidades después de un primer tiempo con apenas tres tiros a puerta y ninguno de claro peligro. La solución, al menos en la cabeza del entrenador vasco, pasó a ser Mariano y el señalado, tras seis horas del Madrid sin marcar un gol, fue Benzema, que se quedó en el banquillo ya al inicio de la reanudación.

El delantero catalán tuvo su primera oportunidad a los cuatro minutos pero se mareó a sí mismo con tanto regate y Laguardia le arrebató el esférico limpiamente en el interior del área. A diferencia del francés, Mariano participó menos el juego del equipo y sólo buscó el contacto con el esférico para el remate definitivo hacia la portería. Sin embargo, el cambio de cromos en el Madrid fue un espejismo en el desértico camino blanco hacia el gol. Pocas ideas en los madridistas.

Saltó al verde Asensio por Casemiro, apostando el Madrid por la acumulación de jugadores ofensivos para encontrar el gol. Mientras, Abelardo sacó del terreno de juego a un agotado Ibai por Sobrino, que mantenía de esta forma la amenaza atacante de los locales, mucho más encerrados en su área en los quince minutos. Jony, que firmó un partido soberbio, dio el último susto a los blancos, aunque desfondado disparó demasiado cruzado en el mano a mano con Courtois.

El tiempo apremiaba en el cuadro blanco y los problemas se multiplicaron cuando Bale pidió el cambió por problemas musculares. El galés, sin embargo, pudo lanzar una falta antes de abandoanr el campo. En su lugar, a falta de diez minutos para el final, salió Vinicius, que le faltó tiempo, como en sus otras oportunidades, para demostrar su condición de potencial estrella.

Lejos de producirse el típico arreón del Madrid en busca del gol, yendo en tromba hacia la portería de Pacheco, los blancos siguieron con su anodino juego de posesión que casi siempre terminaba en un centro desde la banda con poca intención. En el bando contrario, sin embargo, conservaron la fe hasta el último minuto, obteniendo el premio de la victoria cuando más duele al rival: en la última jugada del partido.

A riesgo de sufrir un contragolpe en el descuento, el Alavés miró a la portería de Courtois y se encontró con un córner en el minuto 94. Manu García, que había entrado al verde en el 73, cazó un balón en el área pequeña para cabecearlo a la red. Delirio en las gradas de Mendizorroza mientras se instalaba la alarma de Defcon 1 en el seno del Real Madrid. Una crisis que ha ido creciendo durante 412 minutos que señala, como casi siempre en estos casos, al banquillo. Lopetegui ahora tiene dos problemas: Buscar la fórmula de hacer reaccionar al equipo y lidiar con un ambiente que va a perdonarle ni una más.

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