Pan morado: ¿otro fraude ‘foodie’ o superalimento?

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¿Pensabais que habíais visto todo sobre los superalimentos? Pues estáis bastante equivocados. No hemos terminado de digerir la primera comunión del freekeh, (ese supercereal tan sumamente novedoso que lleva más de dos mil años consumiéndose) cuando ya nos están lanzando otro descubrimiento fabuloso para gastar el dinero absurdamente comiendo tonterías. Calienten motores queridos amigos de la healthy people, porque acaba de nacer vuestro nuevo y próximo dios: el pan morado.

Todo empezó cuando Zhou Weibiao, científico y profesor de ciencias de la alimentación de la Universidad de Singapur, decidió declarar abiertamente la guerra al pan blanco. Para Weibiao, el pan blanco es la representación de todo mal nutricional; un alimento cuya asimilación por parte del cuerpo es muy rápida, dispara el azúcar y nos hincha como un pez globo en plena catarsis existencial. ¡Cuánto nos hemos equivocado durante todos estos siglos de historia comiendo ese veneno! Y no todo queda aquí; el afamado científico explica que el nuevo pan morado ya no sólo es la solución y exorcismo a todo eso, sino que hasta el sabor es muy parecido. Órdago a la grande.

El origen del pan morado

El pan no es de color morado porque se le haya mojado en vino (que sería una fabulosa idea) o se confeccione con arándanos o con agua en la que ha sido cocida una lombarda.

Al parecer, la base de la harina con la que se elabora este pan se encuentra en la antocianina, un pigmento natural que se encuentra en algunas frutas y verduras; pero este activo también está en el arroz negro que, casualmente, está considerado como otro de los superalimentos de moda.

Este pigmento libera una reacción química que desacelera la digestión, por lo que ya tenemos el reclamo de “no engorda” en el letrero de Oportunidades y Gangas, a pesar de que el pan creado tenga el mismo valor nutricional y las mismas calorías. Al parecer, también ayuda al cuerpo a luchar contra el cáncer, la obesidad y la diabetes. Vamos, al igual que las moras silvestres (pura antocianina), la alcachofa o la aceituna Pero claro, el pan de color morado ¡es tan cuqui!. Los instagramers ya están sacando brillo a los objetivos de sus cámaras.

Otra palabra mágica para vender este nuevo superalimento: antioxidante

Si algo es antioxidante es bueno, así que a la cesta de la compra. ¿Qué más da? Si el día de mañana se inventan una mortadela con aceitunas cultivadas en Marte y que son el nuevo antioxidante, también se pondrá de moda y la healthy people arrasará con las existencias. Antioxidantes de moda ya han sido el te matcha, el rooibos, el aguacate o la quinoa, ya pasados de moda. Debe ser que cuesta mucho incluir melocotón, cerezas o champiñones en tu dieta diaria, verdaderas Nagasakis antioxidantes donde las haya. De hecho los polifenoles de la uva, y por consiguiente del vino, son otros antioxidantes siderales. El que no se “antioxida” es porque no quiere. No hace falta inventarse otra marcianada. No, por favor.

Spoileando, que es gerundio

Vamos a spoilear un poco. Queridos nuevos foodies de la superhealty people, sé que deseáis que se ponga a la venta este pan y fardar en las redes como el que pisa el kissing room de Cibeles por primera vez. Pero en Perú hace muchísimos años que comen pan morado procedente de un maíz morado con el que fabrican una harina. Ese maíz, que además tiene unas cuantas variedades diferentes, les ha permitido fabricar pan de ese color desde la existencia de los incas, así como una bebida absolutamente maravillosa llamada chicha morada. Hasta caramelos morados hacen con este ingrediente, también rico en antocianina. Lo siento, pero llegáis con seis siglos de retraso.

Y ya está bien de demonizar el pan, que se trata de un alimento bien completo y equilibrado. Lo que hay que hacer es comerlo de manera equilibrada y, a ser posible, fabricado con harinas integrales y de calidad. Las posibilidades son infinitas. Os puedo asegurar que una visita a Panic (Conde Duque, 13) el día de la celebración de la Cofradía del Santo Bocata le quitaría la tontería y el hambre a más de uno. Que cada uno coma lo que quiera y pague lo que pueda, ya saben. A mí no me pongan pan morado, que yo prefiero ponerme morado de pan. Del de siempre, obviamente.

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