Pan en la dieta, ¿sí o no?

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El pan está dejando de ser un ‘must’ en las mesas españolas. A pesar de que la tradición sigue colocando este alimento en la base de la dieta mediterránea, lo cierto es que, ya sea por querer perder peso o simplemente por intentar mantener una alimentación más equilibrada, las nuevas generaciones han dejado de acompañar sus platos con él.

“El pan que conocemos de toda la vida, que se hacía con harina, agua y sal, se ha transformado en un producto altamente procesado al que se le han añadido grasas y aditivos”, advierte la Dietista-Nutricionista Laura Saavedra Casanova, asesora en la clínica Psico Salud. En este sentido, la experta explica que no es que sea un alimento incompatible con una dieta saludable, sino que no es imprescindible”. La harina de los cereales, que estaría dentro del grupo de los hidratos de carbono de absorción rápida, es el ingrediente principal en la elaboración de los diferentes tipos de panes, y es, además, bastante pobre en micronutrientes. “Solo destaca su aporte en Calcio y Hierro y vitaminas del grupo B, pero en cantidades similares a las que podemos encontrar en los frutos secos, las legumbres, los vegetales, los lácteos o el pescado”, asegura Saavedra.

Su aporte de energía no tiene por qué ser una razón de peso para consumirlo, ya que como afirma la nutricionista, “el pan nos aporta sobre todo energía rápida (4 calorías por gramo, independiente de la hora del día a la que lo tomemos), y aunque no es mucha, puede ser demasiada dentro de la dieta de una persona sedentaria”. De la misma manera, la respuesta que genera en el cuerpo tampoco es la más adecuada, ya que “su elevado índice glucémico hace que su ingesta eleve la concentración de glucosa en sangre, pudiendo favorecer la aparición de enfermedades cardiovasculares o diabetes”, apunta Saavedra. “Por otro lado, otro de los aspectos negativos del pan es su elevado aporte de sal“, añade.

“Ni es bueno, ni es malo. Es un alimento más, que no hay por qué eliminar, pero tampoco idolatrar”, asevera la experta. “Teniendo en cuenta su composición nutricional, podemos considerarlo un alimento secundario dentro de una alimentación variada, ya que existen otros alimentos que poseen una mayor densidad nutricional y menor índice glucémico”, explica Saavedra. Y respecto a sus versiones integrales, la nutricionista advierte que hay que prestar especial atención al etiquetado, ya que no es lo mismo ‘pan con fibra’, al que se ha añadido salvado a las harinas refinadas, que ‘pan integral’, cuyo primer ingrediente sí es la harina integral. “Aunque aún no hay suficientes evidencias científicas como para afirmar que sustituir el pan blanco por pan integral, de menor índice glucémico, solucione todo lo anterior”, concluye la nutricionista.

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